
Llegaron al mirador justo al atardecer y fue entonces que pasó. Vio el mar por primera vez, y lo vio tan hermoso que hasta el mismísimo sol no se resistía a él. Lo vio lleno de colores hermosos y súbitamente se enamoró de él. Su padre se quedó con ella en el mirador tan sólo media hora y tan sólo bastaron 30 minutos para que la vida de ella adquiera un nuevo sentido.
Llegó a casa y no hacía más que pensar en el mar y su belleza, es así como diseñó estrategias para ver de nuevo al causante de todos sus pensamientos y es así que a todos sus tíos (que pasaban siempre a visitarla) les pedía que la lleven al mirador a ver el mar. Fueron varias veces las que fue, a distintas horas del día y en distintas épocas del año y nunca más se cruzó con el matiz de colores hermosos que produce el sol sobre él mar antes de fundirse con él. Entonces después de tanto tiempo comprendió que se había enamorado de un sólo momento, de una escena que la naturaleza regala sólo en ocasiones, y entonces se desilusionó y fue entonces que decidió amarlo.
No sabía que era el amor, pero lo trató de descubrir en la televisión, entre canciones de amor, en medio de los libros... y cuándo ya creyó saber cómo amar, lo amó cómo podía, lo amó con todo su ser, procuró comprenderlo al máximo, busco el nombre que llevaba en su ciudad y el saber cuándo estaba bravo, y cuándo calmado, cuándo era difuso y cuándo más claro, y fue entonces que decidió estar más cerca de él. Entonces, reclamó que la lleven a la playa (ya no se contentaba con verlo desde el mirador) y así fue. Al llegar a la playacon su padre se sorprendió que la primera reacción de su hija fuera llorar y avalanzarse desesperadamente a recoger la basura, que aunque era poca le entristecía en sobremanera. Fue ahí que el padre comprendió el amor de su hija por el mar.
Al terminar de recoger la basura, ya era un poco tarde para regresar, llamo a su hija y ella sin hacerle caso, se metió al mar. Su padre corrió a sacarla rápidamente y percibió que en la piel de su hija el mar había hecho erupciones extrañas y llagas. Inmediatamente fue donde el médico y fue cuando el médico tiernamente le explicó a la niña que tenía un problema en la piel, que al contacto con la salinidad del mar formaba esas erupciones y llagas. La niña no comprendía muy bien...
Al día siguiente la niña en un arrebato emocional se escapa de su casa mientras sus padres duermen la siesta de la tarde, corre y corre, y pide ayuda y de alguna forma milagrosa consigue llegar a la playa justo al atardecer y ve denuevo el ocaso que la enamoró y como presa de su amor, y emulando el deseo del sol de fundirse con el mar, se mete al mar cerca a la orilla y empieza a sentir un gran dolor producto de las erupciones y llagas, es entonces que se aleja del mar y comprende que a pesar que lo amaba no podía estar cerca de él...

es asi que al poco rato su papá la encuentra llorando desconsoladamente en la playa y sin reprenderla la toma de la mano y la lleva a casa.
Hoy ella creció y ama subir la montaña y contemplar a las nubes cara a cara, respirar el exquisito aire puro a esa altura... sin embargo cada vez que llega a la cima de cada montaña recuerda que su amor por el mar sigue vigente y de vez en cuando pasa a saludarlo en el mirador. Hoy la niña comprende que, a pesar de no poder estar con él, lo amará por siempre.